Adicciones y delincuencia

Guillermo Tamborrel

Reconociendo al adicto a drogas como un enfermo es imprescindible tener presente que no acabaremos con la delincuencia menor (robo a casa habitación, a comercio y de autopartes, asaltos, cristalazos) si no abatimos el consumo de drogas.

No hay duda, el alcoholismo y la drogadicción son enfermedades y por lo tanto su abordaje debe hacerse desde la perspectiva de salud. En otras palabras, el alcohólico y el drogadicto son enfermos y no viciosos y mucho menos criminales o delincuentes. Sin embargo también debemos tener en cuenta el proceso por medio del cual la persona adicta, sobretodo el menor de edad o el joven, se hacen de los recursos económicos para adquirir la droga (legal o ilegal) que requieren consumir (por ejemplo, un adicto a marihuana consume entre 10 y 15 gramos al día lo que implica un costo de 100 a 150 pesos diarios solo de marihuana, cantidad que se tiene que sumar al costo de otras drogas que también consume —de seis consumidores asiduos de marihuana cinco de ellos consumen una segunda droga ilegal y cuatro consumen una tercera— lo que los lleva a requerir al menos 4 mil pesos mensuales). Es importante tener presente que generalmente este menor de edad o joven no trabaja cuando menos de manera formal y por lo tanto no tiene ingresos económicos fijos.

Si bien es cierto que no existe una regla de cómo el menor de edad o el joven se hacen de los recursos económicos mencionados sí existe una generalidad y es la siguiente:

El menor de edad o el joven que se inicia en el consumo de drogas, legales o ilegales, lo primero que destina para adquirirlas es el dinero que le dan en su casa para sus gastos y entre los que están los relativos a transporte, diversión, algunos útiles escolares y hasta para “la torta y el refresco”. Posteriormente y cuando ese dinero ya no le alcanza entonces empieza con “el robo” de efectivo en su propia casa, empieza a meterle mano al monedero de la mamá o a la cartera del papá.

Cuando lo anterior ya no es posible o no le alcanza entonces las opciones más socorridas son dos. La primera es la de enganchar a las y los amigos en el consumo de droga y entonces vendérselas, quedándose con una parte para su propio consumo (prácticamente 2 de 3 adolescentes adquieren la droga que consumen de un amigo y solo una recurre a un dealer; a 2% les es suministrada en su propia casa por sus padres o hermanos mayores). La segunda opción es la de robar bienes de su casa (la pantalla de tv, algún teléfono celular, la licuadora, etc.) y mal venderlos por ahí.

Llega el momento en que la venta de droga a los amigos o el robo y venta de bienes de la propia casa ya no son suficientes o posibles. Entonces ese menor de edad o joven se une con otros menores de edad, con otros jóvenes, que se encuentran en la misma situación conformando entonces una pandilla lo que finalmente les permite cometer esa serie de “raterías” como son robo a casa habitación, robo a comercio y de autopartes, asaltos y cristalazos. “Raterías” que sin duda lesionan a la sociedad y de las que muchos hemos sido víctimas. Es de señalarse que estos “rateros” no suelen cometer sus “raterías” cuando están drogados, generalmente las hacen para poder contar con esos 150 o 200 pesos diarios que les permiten adquirir la droga a consumir y evitar el llamado síndrome de abstinencia que es atroz.

Lo anterior ya es de por sí muy serio y debiera llevar a los gobiernos a actuar contundentemente en la prevención y tratamiento de las adicciones, no solo por evitar los daños a la salud que se infringen las personas que consumen drogas sino también por el daño que dicho consumo provoca en la sociedad.

Un aspecto adicional que debiera llevar a los gobiernos y a la sociedad a abatir las adicciones con decisión es el que dichas pandillas son por su naturaleza tierra fértil para el anclaje del crimen organizado. Las pandillas en cualquier momento pueden escalar a cometer delitos mayores como el secuestro, la venta de protección o cobro de piso, etc., convirtiéndose inclusive en células de los grandes grupos criminales.

En suma, las adicciones lesionan a toda la sociedad y no solo a la persona que es adicta.

Fuente de los Deseos: Ojalá las distintas autoridades abran los ojos y entiendan que las adicciones son fuente de inseguridad. Ojalá no se repitan errores tan grandes como lo fue el eliminar el programa conocido como Pronapred al retirarle el presupuesto federal.

Comisionado del Consejo Estatal contra las Adicciones.

@TAMBORRELmx

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