7 de junio, una mala costumbre

Víctor López Jaramillo

En el principio fue el papel… o más bien dicho, la falta de papel. Una escasez de ese insumo elemental para la prensa escrita dio origen al tradicional besamanos entre la prensa domesticada y el Ejecutivo en turno.

Era 1951. El PRI se afianzaba como partido hegemónico. Para ello, no dudaría hacer fraude electoral en 1952 contra el general Miguel Henríquez Guzmán y reprimir a todo aquel que protestara. Nada quedaba fuera del control del priísmo. Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error, es la máxima que resume el priato.

Los medios no podían escapar de esa lógica. Controlados, amordazados. Los medios nacen al amparo del poder político priísta. Por ejemplo, en 1950 el primer programa de televisión que se transmite en México en el canal 4, embrión de lo que hoy es Televisa, es el 4º Informe de Gobierno de Miguel Alemán. Por más que quiera evitarlo, Televisa siempre llevará, parafraseando a la canción, sabor a PRI.

La prensa escrita no tiene mejor suerte. En ese medio siglo, la mayoría de la prensa firmaría su boda de sangre con el poder priísta.

Entre platos de langosta a la americana, arroz a la criolla y copas de vino Chablis 1946 y champaña Charles Heidseck, la prensa domesticada daba gracias a Miguel Alemán por la “libertad de expresión”.

Es una lástima que a 6 décadas de dicha sumisión de la prensa al Poder Ejecutivo, en Querétaro sigamos con esa lamentable “tradición”.

Aunque a nivel nacional se ha erradicado poco a poco esa costumbre, aquí, cada 7 de junio, el gobierno del estado organiza una comida para que los periodistas “agradezcan” la “libertad de expresión” que se les ofrece.

Y para que se note que hay más libertad, hasta se rifan obsequios entre los asistentes. Comidas que son replicadas por todos los ámbitos de gobierno y se llega al exceso de hasta rifar casas a los reporteros de la fuente, como lo hizo el hoy senador Francisco Domínguez.

Aunque en Querétaro tuvimos una alternancia política en la gubernatura, la relación prensa-poder se mantuvo al más puro estilo del cacicazgo priísta. Una subordinación de las empresas periodísticas al poder político.

Dice el prestigiado periodista colombiano Javier Darío Restrepo que con las rifas en las comidas de “libertad de expresión”, uno de los principales afectados es el propio gobierno.

“Tiene que haber mucho por tapar cuando un alcalde, gobernador, gerente, ministro o cualquier funcionario, acuden a este recurso para fletar o para silenciar periodistas. Porque finalmente todos pierden, sean los periodistas y medios que pecan por la paga, o las autoridades o empresas que pagan por pecar”, afirma Darío Restrepo en su consultorio ético de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Sin prensa libre no hay democracia plena. Una comida para “agradecer” al gobierno el ejercicio de la “libertad de expresión” sólo es un reflejo de lo atrasado que estamos en Querétaro respecto en la relación prensa-poder.

Periodista y sociólogo. Docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ. Director del semanario universitario Tribuna de Querétaro

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