14 de febrero

Mónica Silva Olvera

Día del amor y la Amistad, un pretexto para seguir festejando después de haber cerrado la temporada navideña con los tamales de la Candelaria

Me gusta tener invitados en esta columna, y ahora les comparto un escrito de  Jessica Aranda Mercado*.

Vamos pasando el Día de San Valentín, mejor conocido como Día del amor y la Amistad, un pretexto para seguir festejando después de haber cerrado la temporada navideña con los tamales de la Candelaria. Dejando un poco de lado lo que este día representa económicamente para el comercio, es interesante abordar el tema desde una visión más trascendente, si es que de verdad alguien se entusiasma con esta fecha. 

Como dato interesante es importante saber que San Valentín fue nombrado como el patrón de los enamorados, a raíz de varias viejas teorías. Mencionaré solamente una de ellas, que  asegura que en la antigua Roma, el 14 de Febrero se llevaba a cabo el festejo de la fertilidad en el que hombres desnudos golpeaban con látigo a varias mujeres en el trasero, para mejorar su fertilidad. Seguramente —estimadas congéneres—, estarán de acuerdo con una servidora en agradecer que esas tradiciones han desaparecido y que ahora existen mejores “tratamientos” para asegurar la procreación. También se dice que tiene su origen en un festejo cristiano, que fue instituido por el Papa Gelasio I, en el año 496, d.C.

Pero independientemente de saber de dónde procede esta festividad, lo que es por demás interesante reconocer, es que le hemos dado un valor especial, mayormente comercial y producto de la mercadotecnia, ya que surge en este contexto la oportunidad de quedar bien con aquel ser con el que se comparte algún sentimiento de aprecio, cariño, amistad o amor.

Y en torno a ello, es que quisiera hacer una reflexión sobre el sentido que bien podríamos darle a esta fecha tan especial, que va mucho más allá de los arreglos florales o de los típicos chocolates; una intención más  profunda y real del significado de este día que centra su atención en el  festejo del amor, concepto del cual varios autores han escrito, tales como Erich Fromm —escritor, psicólogo social, psicoanalista y humanista alemán—, quien en su famosa obra “El arte de Amar” define al amor como  “una actividad, no un efecto pasivo; es un estar continuado, no un súbito arranque” es decir, el acto de amar no precisa de una fecha, sino que se trata de un continuo dar, pero no en el sentido material, sino en el concepto de origen del amor: la caridad, que tiene desde su significado etimológico; “caridad” viene del latín caritas y significa “virtud de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo”.

En pocas palabras, el sentido real del amor radica en el “darse” como persona, en la caridad, el servicio, la comprensión,  la empatía y la preocupación por el BIEN-ESTAR del otro.

Por  tanto, se trata de un acto caritativo continuo, esa es la esencia del amor verdadero. Fromm dice: “El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos”.

Tampoco se trata de satanizar el Día del amor y la Amistad por un sentido meramente comercial; finalmente ¿a quién no le agrada recibir un bello detalle el 14 de febrero?, ¿una llamada?, ¿un mensaje?, ¿un emoticón de whatsapp? No es que dejemos pasar la oportunidad de decirle a alguien que es importante y que le recordamos ese día especialmente, pero no hay que olvidar que no solo el 14 de febrero es representativo del amor, todos los días de nuestras vidas deben ser movidos y alentados por esta, nuestra verdadera capacidad de amar y ser amados.

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