LEGO: el mundo donde todo está conectado

Bloque a bloque, las conexiones entre sus piezas son un reflejo de la creatividad de millones de niños
LEGO: el mundo donde todo está conectado
Foto: Warner Bros
16/02/2019
09:47
Luis Javier Plata
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Emmet, el maestro constructor, está de regreso para continuar mostrándonos como “si lo construyes con Lego, los niños y los adultos vendrán”. Y sí, The Lego Group ha construido bloque a bloque conexiones tan tangibles entre sus piezas como intangibles con todo lo que es posible armar al sumar éstas con la creatividad de los millones de niños y adultos que, en cada generación, llegaron para quedarse y hacer suyos modelos e invenciones como los mostradas en La gran aventura de Lego.

Desde que la compañía patentó en 1958 su sistema de ensamblado, la filosofía de Lego ha sido aprovechada para, abrazando por completo su sentido lúdico, aprovechar cada bloque y cada pieza como una herramienta para pensar. El sociólogo David Gauntlett, resumió en un decálogo sus fortalezas: 1) La interconexión de sus piezas es sencilla y a veces inesperada. 2) Requiere un bajo nivel de habilidad inicial. 3) Todo aumento en la complejidad de la experiencia de armado es gratificante. 4) Es posible crear algo donde previamente no había nada 5) Es un sistema abierto con infinitas posibilidades. 6) Cualquiera puede expresar lo que quiera con lo que arma. 7) Hay un respeto por el juego como forma de aprendizaje y exploración. 8) Diferentes ideas pueden experimentarse sin ninguna consecuencia negativa. 9) El juego crece junto con la persona. 10) El juego crece más allá de la persona, favoreciendo la colaboración entre individuos y la formación de redes con los mismos gustos e intereses.

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Al igual que Emmet y siendo congruentes con el decálogo enlistado, por supuesto que científicos de todas las áreas han encontrado infinidad de formas de conectar las piezas con su objeto de estudio. Por ejemplo, si es posible enseñar operaciones básicas con bloques de Lego a niños de primaria, ¿por qué habrían de abandonar los universitarios sus sets de construcción? Sobre todo si, como en bioquímica, es posible construir modelos biológicos de compuestos orgánicos (compuestos que contienen átomos de carbono). Eso fue lo que Henry J. Lin y sus colegas propusieron hace un año.

Lin y su equipo usaron ladrillos de Lego de 2x4 botones para representar átomos de carbono (ladrillo gris), nitrógeno (azul) y oxígeno (rojo) y ladrillos de 1x2 para representar átomos de hidrógeno (blanco). Los ocho botones de un ladrillo de 2x4 representan el nivel más externo de un átomo de carbono, nitrógeno u oxígeno, en tanto que los dos botones de un ladrillo de 1x2 representan los dos electrones de un enlace covalente en el que un átomo de hidrógeno comparte un electrón. Dos ladrillos unidos por dos botones representan un enlace sencillo o simple; cuatro botones, un enlace doble, y tres botones, uno triple. Los botones de los ladrillos-“átomos” se ensamblan para completar el último nivel de energía de acuerdo con la regla del octeto de Lewis y formar, por ejemplo, una molécula de metano (CH4 = cuatro ladrillos blancos ensamblados sobre un ladrillo gris). Así, con Lego es posible construir de manera rápida y fácil modelos de moléculas orgánicas como aminoácidos, ácidos grasos y glucosa.

Que los ladrillos sigan formando parte de los cimientos de sus sets de construcción no significa que las piezas de Lego no hayan tenido cambios; de hecho, un estudio muestra que su complejidad de los sets de Lego ha aumentado con el tiempo. Christoph Bartneck y Elena Moltchanova, expertos en estadística y diseño industrial, analizaron datos provenientes de 10 mil 953 sets diferentes lanzados por Lego entre 1955 y 2015.

El análisis muestra que el número de sets y minifiguras se ha incrementado, que el tamaño promedio de cada nuevo set aumenta cada año, al igual que el tamaño del set más grande, el número de colores en un set y el máximo número de colores en un set.

No está por demás, para tranquilidad de todo aquel que por algún descuido dejó bloques de Lego al alcance de los niños, esta última pieza de información: seis pediatras fueron reclutados por Andrew Tagg y su equipo para un experimento que consistió en tragarse la cabeza de una minifigura de Lego para así determinar el tiempo promedio (1.7 días) que ésta estuvo dentro de su cuerpo antes de ser evacuada y tranquilizar a los padres en el sentido de que la ingestión accidental de piezas pequeñas como ésta por niños no tiene, comúnmente, mayor complicación. Esto no implica que los padres dejen de ser lo suficientemente cuidadosos para no repetir una experiencia así en sus hijos.

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