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Startupera al volante

Cartera 26/05/2014 00:23 Actualizada 09:56

Dejó todo. La acababan de aceptar en una universidad de Estados Unidos para estudiar su MBA, acababa de salir de trabajar de HP y con sus ahorros decidió invertirlos todos, junto con sus tarjetas de crédito, a la idea que le trajo Diego. “Un servicio de autos compartidos.” La idea no era nueva ni innovadora, pero como sucede con los conceptos, lo importante es la implementación; hacer que las cosas sucedan. Y Jimena hizo que Carrot sucediera.

El servicio, que ya opera en cuatro ciudades de México, le permite a los usuarios tener disponible un vehículo cuando lo reserve, en varias estaciones y sin tener que llenar una forma ni nada que te pueda hacer tardado el proceso. Sólo pasas la tarjeta de Carrot sobre el sensor, con previa reservación vía web o por teléfono, y puedes abordarlo. Las llaves están en la guantera, junto con una tarjeta con suficiente crédito para llenar el tanque de gasolina, si lo requieres. El costo comienza por mínimo una hora de uso (similar o menor a un taxi) además del costo por kilómetro.

El mes pasado anunciaron que obtendrían dos millones de dólares en fondeo, principalmente de Venture Partners. El total de la inversión es de 3.5 millones, si consideramos a Auria Capita y a sus fundadores, Mexico Ventures. Recientemente adquirieron 100 vehículos nuevos March de Nissan. De esa misma marca ya tienen algunos autos totalmente eléctricos, parte de la filosofía de la empresa: ser, en la medida de lo posible, facilitador del estilo de vida ecológico.

Destino cercano

Diego no sabía que ese viaje a Boston le iba a cambiar la vida. Al visitar a una amiga en la ciudad de Massachusetts, se enfrentó a un problema: ¿cómo se movería por la décima área metropolitana de Estados Unidos? La respuesta la tenía su anfitriona. Ella estaba inscrita a Zipcar, el servicio más grande en el mundo de autos compartidos. Diego vivió de primera mano los beneficios de moverse en la ciudad del MIT con la comodidad y conveniencia de tener siempre disponible un auto sin los costos de ser su propietario. Diego no tuvo que ir a una arrendadora de coches, sino que el servicio de su amiga fue más que suficiente. Algo se estaba maquinando en la mente de Diego.

Diego, con el perfil financiero, estudió actuaría, trabajó en Credit Suisse y LaSalle, fuertes empresas del ramo. Pero su espíritu emprendedor se despertó durante el diplomado de creación y crecimiento de empresas al que se inscribió en el ITAM, al sur de la ciudad de México. Allí, los profesores que “casualmente” cuentan con un fondo de capital semilla, uno de los primeros en México, le pidieron un proyecto en el que podría trabajar durante el curso. Diego seleccionó el caso de Zipcar, reconocido como un ejemplo de estudio en el Harvard Business Review.

Diego Solórzano y Jimena Pardo. Jimena Pardo y Diego Solórzano. Estaban destinados unirse para crear Carrot, pero ellos no lo sabían aún. En cambio, quienes estaban asesorando a Diego con su proyecto de empresa, tenían un plan en mente. “Tienes que estar el lunes en la oficina. El proyecto es tu mero mole”, le dijeron a Jimena, en medio de una comida de amigos, donde quedó clara la vocación de emprender alguna empresa “verde” y de cambiar el entorno. El lunes estaba solo a unas horas de distancia. Llegó el lunes y Jimena conoció a Diego y Diego conoció a Jimena. No podrían complementarse mejor. Uno con la habilidad administrativa y de números duros, la otra, con la personalidad para darle una cara visible a la empresa, el empuje de hacer que las cosas sucedan y con la misma vocación verde de Diego.

Aceleración al límite

El primer año de Carrot fue definitivo en muchos aspectos: en la manera de administrar la empresa, la manera de crecer, la manera de financiarse, la manera de hacer la diferencia en el entorno. Casi con la filosofía de Jeff Bezos, “Get big fast”, y los recursos de sus tarjetas de crédito, Jimena y Diego, invirtieron todo su tiempo. La maestría de Jimena tendría que esperar.

Los primeros autos que consiguieran tendrían que tener la misma vocación verde que la empresa pretendía. Ni la compañía, ni el entorno estaban en buen momento para autos completamente sin emisiones de bióxido de carbono. Así que consiguieron los autos más eficientes. Después de varios estudios, concluyeron que el March de Nissan era la mejor inversión. Compraron tres en mayo de 2012. E iniciaron con un programa prácticamente piloto. Aunque muchos amigos en común y familiares se inscribieron al programa, llevarlos a usar el servicio de manera periódica, como parte de su estilo de vida cotidiano iba a ser el mayor reto de Jimena.

El lugar indicado fue la colonia Condesa de la ciudad de México. Es un lugar común pensar en esa área como trendy, donde conviven quienes imponen moda y, finalmente, influyen en el estilo de vida. Justo eso era lo que Jimena requería, así que consiguieron un estacionamiento donde los usuarios podrían ingresar sin mayor trámite y con la tarjeta asignada tomar su auto y salir manejando.

Al siguiente mes, el 11 de junio, se hicieron de 17 vehículos más. Ya dejaba de ser un servicio chico para convertirse en una oferta seria que garantizaba a sus pocos usuarios tener siempre disponible un auto para moverse por la ciudad.

Jimena se dio cuenta que una cosa era tener inscritos y otra, muy diferente, que la gente tomara a Carrot como una alternativa al uso del taxi y una manera de evitar la compra de auto propio. Justamente en esta ciudad el costo por tener un automóvil puede ser muy alto: además de pagar refrendo, placas, gasolina y mantenimiento, el precio de un lugar donde el auto “duerma” puede ser de mil pesos al mes (si no cuentas con estacionamiento propio) y hay que verificarlo (para medir sus emisiones de contaminantes). Además, claro, del costo del mismo carro, que al momento de salir de la agencia se devalúa cerca de 20%. Los argumentos fríos, los que prefería Diego, estaban claros y era evidente que a muchas personas le cubriría una necesidad. Los números no mentían, sin embargo, tales argumentos no eran suficientes.

Jimena tuvo que buscar otra manera de hacerles llegar a las mentes, a las vidas, de los capitalinos, una razón para cambiar su estilo de vida.

El video de introducción en su página carrot.mx, la reconocida actriz Irene Azuela muestra cómo usar el servicio. Han logrado un acuerdo con EcoBici, la red de bicicletas compartidas, para usar la misma tarjeta también en Carrot. Están por lanzar una aplicación para smartphones para facilitar el uso a quienes cuentan con uno de estos dispositivos.

Si no puedes con el enemigo…

Durante el mismo 2012, apenas meses de arrancado su servicio, recibieron una llamada de Marcelo de Garza, un joven que, por su parte, había emprendido una compañía muy similar a Carrot, pero con base en Monterrey. Aún se trataba de un proyecto, pero su ímpetu empresarial, así como cierta facilidad para obtener recursos lo ponían como una competencia fuerte… una vez que sus autos rodaran por las calles.

Pero en aquel acercamiento el propósito de Marcelo era otro. Se había dado cuenta que Jimena y Diego ya tenían el suficiente valor en su empresa: estaba funcionando, y esa es la prueba de ácido de cualquier business plan. Marcelo, con relación con Ford y experiencia en el ramo automotriz, se volvió un socio clave. “Smartmoney”, me dice Jimena. De competidor pasó a las filas de gente involucrada con Carrot. Aunque Jimena y Diego ya se habían enfrentado a la realidad de sacar la empresa y mantenerla a flote (aún no genera ganancias, pues han reinvertido los todavía incipientes ingresos), requerían a alguien con experiencia para conseguir más inversionistas. Marcelo era la persona indicada.

Para diciembre de ese mismo año, es decir, apenas semanas de haber arrancado el servicio, convencieron a Nissan a venderles, años antes de lanzarlos al mercado, tres autos Leaf, totalmente eléctricos. De nuevo, la vena ecológica.

Fondos de fondo

No sólo se trata de tener más inversiones sino de tener la asesoría adecuada para emprender. Carrot ha tenido la ayuda de la aceleradora Endeavor, entre otros. Ha sido en la cancha de Diego Solórzano donde se ha gestado una de la inversiones más representativas en el medio de StartUps en México. Los dos millones de dólares en fondeo en serie B que acaban de conseguir no se pudo dar sin la labor de Diego y Marcelo. Fue una labor árdua, de mostrar el proyecto y hacer ver que ya está funcionando.

Con 45 mil suscritos y 6 mil usuarios activos, los inversionistas se quedaron apantallados con el nivel de penetración que tienen al día de hoy. Ha sido la empresa de autos compartidos que ha crecido más rápidamente en el mundo. Con sus 100 nuevos vehículos, e incluso algunos híbridos Prius de Toyota, así como sus SUV, la oferta a los usuarios cada vez es más robusta.

Como se han enfrentado con lentitud en los acuerdos con las autoridades para el uso de espacio público para programas como éste, que facilita la movilidad de la ciudad (un término de moda desde que se implementó EcoBici en la ciudad de México), han buscado alternativas. Están en pláticas para lanzar el servicio como programa especial dentro de los campus del ITESM, lo que los colocaría entre los jóvenes, muchos de ellos trendsetters, como diría alguien en mercadotecnia.

De hecho, en Puebla están presentes en la UDLA, como un programa que les permite a los estudiantes transportarse entre Cholula y Puebla sin mayores complicaciones, además de moverse dentro de la propiedad universitaria.

Vena ecológica

No es ningún descubrimiento señalar que ser una empresa que se dedique a la transportación (de alguna manera Carrot lo es) y tener una vena ecológica es algo que presenta varios dilemas. Sin embargo, la intención de Carrot no es que la gente no use autos, sino que los use de manera más inteligente. Si sólo usas tu auto para ir al supermercado o cuando quieres comprarte un mueble para llevar a tu departamento o cuando quieres ir con varios amigos a algún concierto, Carrot te puede funcionar mucho mejor que tener un auto propio.

La idea de ser ecológico o “verde” ha evolucionado desde los setenta. No se trata de ser jipi, sino de ser conscientes de nuestro consumo de la energía. Más aún, empresas como Carrot muestran que es posible influir en el entorno y tener una empresa con ganancias, aunque por ahora, como están en etapa de crecimiento, todo se reinvierte.

Se dice que la prueba final de un emprendimiento es superar los tres años de existencia. Para Carrot no sólo se trata de sobrevivir, sino de crecer y seguir creciendo. Aún tienen la posible amenaza de que Zipcar quiera abrir su servicio en México, pero no cuentan con lo que ya tiene Jimena, un conocimiento del mercado y la gente mexicana, así como un reconocimiento de los inversionistas.

*** Para los siguientes tres años esperan tener más de 300 autos circulando con el logo amarillo de Carrot por todo el país. Esa maestría puede seguir esperando.