Sin la última palabra

Cartera 23/06/2014 00:08 Actualizada 09:51

Antonio me platica todo esto desde su nueva oficina en el edificio de New York Life, sobre la avenida Reforma. “Esta empresa es muy horizontal. Solo tenemos este piso y desde aquí se maneja todo”. En contraste, por la ventana se alcanza a ver la estructura de 250 metros donde BBVA Bancomer está por terminar la que será la torre más alta de Latinoamérica, con 250 metros y 50 pisos.

¿Quién le ha dado forma a esa casa de bolsa mexicana llamada Finamex? Realmente se trata de una generación de empresarios de Guadalajara, de tiempos cuando nadie usaba instrumentos como los derivados, debido a su complejidad. “Todo era de muy corto plazo. El más largo era de 91 días, lo que era muy sencillo de analizar”. Se trata de una generación de la que hoy perduran en la casa de bolsa cerca de 10 personas en puestos clave. Uno de ellos es su principal dueño: Eduardo Carrillo, quien optó por dejarle el protagonismo (y la operación) a personas como Mauricio López y Antonio Nava, la mancuerna que hace que todo funcione en la empresa.

Finamex es la casa de bolsa que puede manejar el dinero de sus usuarios realmente a la medida que el cliente quiera. Podría, si así lo requieren, hacer un tipo de inversión solo para un cliente y su patrimonio. En el juego de cómo hacer rendir más el dinero, muchas personas que tienen un capital extra confían en Finamex por ser los más especializados. Esta empresa tiene el mayor número de autorizaciones para usar diversos instrumentos en todo México. Eso es diversificación, uno de los valores de las inversiones del que Finamex se puede sentir orgulloso. Se trata del servicio realmente personalizado del patrimonio de las personas. En el medio financiero, son pequeños pero efectivos y muy respetados. Y son mexicanos desde su fundación.

Pero llegar a este punto les costó muchos recursos y errores de cuales aprender. Aquí solo algunos que han forjado a Antonio Nava:

Habilidades tempranas

Aprender desde abajo. Eso se propuso al estudiar Economía y lo logró en Finamex. Antonio Nava pasaba su tiempo en la oficina buscando oportunidades de venta o compra de petrobonos. Aquello era muy raro en los 80. El joven Antonio Nava lo veía como un bono en dólares que traía una opción de petróleo “pegada. Nadie lo veía así, pero así era”, me lo dice como si fuera algo muy obvio para él.

Aquel bono, después me enteré, representaba una fracción de un barril de petróleo y tenía un precio mínimo, así que era muy rentable. “Si el precio del petróleo aumentaba el valor del petrobono comenzaba a subir”.

En ese entonces, en una “terminal tonta” de la bolsa y con Lotus 123, el programa de hojas de cálculo, hacía los modelos de evaluación para ver si aquello era viable para invertir en él.

En esos cuatro años, de 1986 al 1990, Mauricio López vió algo en Antonio que nadie más. Le empezó a encargar cosas raras, por decirlo de alguna manera. “Le estoy proponiendo que swapeemos el petrobono por bonos brady. Ayúdame a calcular qué cociente de intercambio debe haber”. Se trataba de algo que nadie había hecho y que para un joven como Antonio Nava, que aún no terminaba la carrera, era aún más extraño.

“De todas las transacciones extrañas que me pidió, hemos de haber hecho el 20%”. Ese 20% hizo la diferencia y es lo que hoy le brinda la experiencia, tanto a Finamex, como a Antonio Nava.

El paso por otros bancos

Después de trabajar en el eslabón más modesto de Finamex y antes de la aventura de Promex, Antonio Nava, muy joven aún se fue a trabajar a Banco Internacional (que después fue Bital y hoy, HSBC). Se incorporó a un grupo de estrategia, pero las cosas eran muy diferentes. “El líder era muy pasivo y nunca empujó el producto. Había carencias impresionantes. De mis ocho horas diarias me echaba seis en la computadora”. Como ir a la guerra sin armamento, Antonio no podía realizar sus actividades más básicas como estratega financiero. Tenía que apartar la computadora porque no había suficientes. Después de unas semanas supo que no había sido la mejor decisión estar ahí. Prefirió el desempleo a perder el tiempo. Renunció después de dos meses.

Más tarde ingresó a Serfin, pero tampoco era lo que buscaba. En 1992 regresó a su origen: Finamex.

La aventura llamada Promex

En el boom de la venta y compra de bancos, 1992, el grupo financiero hizo la hazaña de hacerse de banca ProMex. Aquello significó un avance en el sentido que ahora estaban listos para crecer en productos y servicios al cliente final, en cartera, en impacto mediático. Su visión era pasar las operaciones y cartera del banco al estándar oficial que se usa en Estados Unidos, US GAAP. La tarea no fue sencilla.

“Ha sido el proyecto más frustrante de mi vida. Fue darme cuenta de que el banco tenía muchas cosas a mano. Tenía sistemas que no se hablaban entre sí. Conseguir una base de datos de cierre de mes y hacerla consistente con los estados financieros era imposible”.

Antonio se dedicó exclusivamente a poner orden en la cartera, que era el problema más grande. Con la ayuda de una laptop muy veloz, para los 90, había construido en la base de datos con una consulta que finalmente se veía con el estándar norteamericano.

“Era un proceso de búsqueda que tardaba toda la noche. Tuvimos que estar vigilando la laptop. Tronó y la ajustamos. La segunda vez ya corrió bien y le llevamos los resultados a Mauricio. Nos quería correr a patadas. Lo que decía esa cosa era que íbamos a quebrar en seis meses”.

Finalmente acabó siendo cierto. Cuando era evidente que el proyecto no iba a funcionar, sabía que no sería posible colocar al banco fuera para que otros inversionistas pusieran su capital ahí. Ese día, en aquella laptop, se definió el futuro de la empresa. Más tarde, la llegada de la crisis a finales de los y los obligó a deshacerse de Promex.

“Nos fue muy bien en ProMex, pero la crisis fue fuerte y se llevó al banco”. Después de la aventura, Nava busca repuntar a la casa de bolsa Finamex como líder en el mercado de Casa de Bolsa, uno de los mejores operadores en el mercado de dinero y capitales en nuestro país.

Fueron 10 mentes brillantes, entre ellas la de Antonio Nava, que estaban dedicadas al banco quienes volvieron a la casa de bolsa. “Regresamos a la casa de bolsa y nos dimos cuenta que la habíamos descuidado mucho”. Todo lo que habían avanzado en el banco, no lo podían hacer como casa de bolsa. Era otro proceso, otra empresa, así que Antonio se dedicó a una parte clave del negocio, echar a andar el departamento de administración de riesgos, lo que hoy distingue a la institución.

Hacia Asia

Para entonces, el llamado “derecho de piso” ya se lo había ganado con creces Antonio Nava. No solo eso, se había hecho acreedor de la confianza de los directivos y dueños de la empresa. Para confirmar ese compromiso le tenían una tarea nada fácil que realizar.

Como Nafin había abierto una oficina en Japón, Finamex decidió hacer lo mismo. De esa manera “les caería” algo del negocio de Nafin. Tenían un promotor, muy buen vendedor con un par de vendedores locales, pero se trataba de un negocio tan vanguardista que aún no era posible. México no tenía las condiciones para crear instrumentos propios y venderlos en otros países, entre otras cosas por factores como que la moneda no cambiaba libremente. La operación de aquella oficina resultaba muy costosa y terminó perdiendo dinero.

Durante todo ese tiempo, Antonio Nava tenía que trabajar para crear instrumentos para la oficina local y también para Japón. A las cinco de la tarde de México empezaba el día el Japón, así que “me tocó muchas veces que me llamaban a las dos de la mañana. Fue un periodo complicado porque además estaba recién casado”.

Aunque la oficina en Asia cerró, el compromiso de Antonio Nava nunca quedó en duda.

Finamex ha muerto, viva Finamex

Desde su fundación en 1974, Finamex se ha ganado una reputación de crear portafolios de inversión muy rentables, hechos a la medida de los inversionistas, ya sean personas físicas o morales. Es la empresa que cuenta con más licencias para emitir instrumentos de inversión. Tienen tantas alternativas que se trata del lugar ideal para invertir con toda libertad y probar los alcances de una inversión desde el millón de pesos, o incluso menos. Finamex es la casa de inversión que quienes saben estudiaron finanzas usan para su propio capital.

El reto actual de Antonio Nava es muy sencillo en papel: cambiar la filosofía de la empresa. Dejar de ser la empresa “pequeña” (aunque maneje millones de dólares como si fuera morralla) para ser una institución financiera que sobreviva a aquella generación que la vio nacer.

—Pero, ¿no dejará de ser esa empresa a la que regresaste porque te gustaba el ambiente y la toma de decisiones rápidas, horizontales?

—Sí, de hecho ya estamos en esa transición.

“Estamos empezando a romper esa horizontalidad. Eramos vanguardistas y lo seguimos siendo. Tengo tanto capital y le tengo que sacar el mayor rendimiento y no tengo otra distracción, lo que empiezas a buscar son las muchas manera que haya para generar más dinero”.

Pero Antonio no es un director común. El puesto de “Director General” es eso, un puesto, algo que alguien lo puso para llenar una forma. Aunque nadie duda de que él es el jefe, las principales decisiones de estrategia, principalmente a largo plazo, las toma junto con “Carrillo”, el antiguo director que hoy está semirretirado, además del consejo de administración y claro, con quien platica cada idea que se le ocurre: Mauricio López. Por algo lo tiene a unos pasos y cuando uno entra sin tocar a la oficina del otro, éste hace lo mismo unos minutos después.

Antonio Nava sabe que esta transformación de la empresa es para bien, pero al mismo tiempo es consciente de que Finamex ya no será la misma.

“El reto que yo tuve ya no está ahí para las nuevas generaciones”. Hoy los ejecutivos (vendedores) solo van y ofrecen el portafolio que le conviene al posible cliente. Antes, el mismo Antonio conseguía al cliente y hasta lo involucraba en cómo administrar su capital.

La misión de Antonio es que siga la llama encendida y pasarla como una estafeta olímpica.

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Hay algo que otros llamarían “éxito”: Finamex tiene una ventaja sobre aquella enorme torre que se alcanza a ver desde su oficina. Esta casa de bolsa no tiene compromisos trasnacionales que lo obliguen a invertir el dinero de sus clientes en ciertos instrumentos. Finamex tiene toda la libertad para invertirlo donde realmente genere más dinero, con acciones, instrumentos financieros tradicionales o los que hayan cocinado a la medida del cliente. Pocos pueden decir que lo hacen realmente.