Desde hace varios años se venía proponiendo la necesidad de llevar a cabo reformas estructurales en materia económica y financiera con el objeto de otorgarle mayor transparencia y dinamismo a la economía mexicana. Los resultados obtenidos en los dos últimos sexenios en cuanto a generación de nuevos empleos, la falta de reglas claras entre los competidores en el mercado en áreas sustantivas como la energética y la de telecomunicaciones, el estancamiento de la economía, el rezago educativo y la inseguridad social son algunas de las razones importantes por las cuales académicos, legisladores y analistas exigían al gobierno y a los partidos políticos un cambio en la forma de conducir al país.

Vale mostrar la evolución que han tenido tres importantes indicadores como son la productividad, el crecimiento económico, la pobreza y la desigualdad social.

En materia de productividad, de los 34 países miembros de la OCDE, México mantiene el último lugar en productividad laboral. Chile creció 31% en productividad durante los últimos 10 años, casi cuatro veces más que México. Corea creció 44%, casi cinco veces más que México con su 9% de productividad en los últimos 10 años. Esto, basándonos en los datos del Documento de Análisis de México, ¿Cómo Vamos?, de mayo pasado, el cual compara el crecimiento de México con países de Latinoamérica.

En el tercer trimestre del 2010 se apunta que la productividad fue de 4.3% y desde entonces y hasta el cuarto trimestre del 2013 ha venido cayendo en menos 0.3%, incluso por debajo de Sudáfrica, Turquía, Rusia y China, como confirman datos de la OCDE.

Respecto al crecimiento económico, en la última década hemos crecido sólo 2.6% anual en promedio. Hace 10 años México tenía un PIB per cápita similar al de Chile, Rusia y Malasia; hoy nuestro PIB es menor que el de todos estos. Mientras, Polonia, Chile, Corea, República Eslovaca y Estonia fueron los países de la OCDE que más crecieron en la última década, hasta cuatro veces más que México.

Aumentar el crecimiento económico a largo plazo es necesario, tan sólo el último año (2013) fue de 1.1%. La misma OCDE apunta que para lograrlo se requieren reformas estructurales en múltiples ámbitos institucionales, pues muchos problemas están relacionados entre sí. También señala que las reformas se ven atenuadas en gran medida por la informalidad generalizada y las debilidades jurídicas que disminuyen la eficacia de las políticas y retienen las ganancias en la productividad. La nueva legislación y las reformas son necesarias a fin de eliminar las barreras de entrada al mercado, reducir la corrupción y hacer que el sistema de justicia civil sea más eficaz.

Respecto a la pobreza, ésta ha tenido una disminución muy lenta. Información de Coneval indicó que del total de la población mexicana en el 2010, que fue de 114.5 millones, 46.1% estaba en situación de pobreza. Para 2012 la población subió a 117.3 millones de habitantes y el porcentaje en situación de pobreza disminuyó a 45.5%. Lo mismo pasó con la pobreza extrema al pasar de 11.3% a 9% en el mismo periodo. Cabe señalar que entre los factores que más contribuyen a la pobreza y que han presentado una caída muy lenta están el acceso a la seguridad social, que representa 61%, y le sigue el acceso a la alimentación, con 23.3%.

Un indicador importante para observar la desigualdad económica es el Índice de Gini. En el documento Evolución de la pobreza por ingresos estatal y municipal, de Coneval, se observa una tendencia a la baja. En 1990 era de 0.562; en 2000 de 0.552 y en el 2010 de 0.500. Aunque se ha reducido mínimamente, su valor es alto y por ende la desigualdad es mayor.

Por último, el dato más reciente sobre el crecimiento en el primer trimestre de este año confirma lo anterior, ya que fue de 0.28% y en su comparación anual y con datos originales el PIB avanzó 1.8% en el primer trimestre de este año con relación a igual lapso de 2013 (INEGI).

* Académico de la Universidad del Valle de México, campus Lomas Verdes

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