“No hay que llegar primero, pero hay que saber llegar”, dice la canción de José Alfredo, así, sin apellido. Para Gabriel Contreras, lo que haga como el primer ombudsman en la competencia de telecomunicaciones marcará el futuro de la industria y, por otra parte, el modo en que se concilian (y debaten) los asuntos de competencia en México.

Gabriel Contreras supo llegar. Mientras trabajaba bajo el mando de Enrique Peña Nieto, levantó la mano para postularse para estar al frente del órgano de gobierno del recién creado Instituto Federal de Telecomunicaciones, IFT o Ifetel (así, como el teléfono del hoy finado IFE).

Se trata del organismo independiente que, tal como la Comisión Federal de Competencia (Cofece) buscan crear las empresas jueguen con las mismas reglas.

¿Cómo el presidente del Instituto Federal de Telecomunicaciones puede romper con lo que se espera que sea un regulador, cuando nunca antes había existido este instituto? Haber salido de la gente de confianza del Presidente para ser un representante independiente lo ha puesto en duda desde la opinión pública. Es preciso comentar que también estuvo en el equipo de Vicente Fox y Felipe Calderón, pero hoy no tiene ninguna afiliación política oficial.

Lo que sabemos es que tiene una dicción perfecta, se dirige a la cámara de video con soltura y tiene la desfachatez de decir que no le gustan los reflectores. Esa desfachatez, por cierto, le gusta a los medios, en donde seguirá presente hasta el 2020. Esperamos recordarlo como el que llegó (y se fue) bien y no solo como el que llegó primero.

¿IFE qué? De 41 años, Gabriel Contreras se sacó la rifa del tigre. Al frente del IFT tiene que regular a uno de los sectores más aguerridos y que ha estado de la mano de la influencia (los medios) y las ganancias (los millonarios). Si bien, su labor es dar certeza o ser predecible con sus decisiones, también tiene que poner las reglas claras para todos: televisión, radio, telefonía terrestre, telefonía celular, radiodifusión, entre otras.

La historia del IFT tiene una carga especial para los mexicanos. Se trata del organismo que detendrá a los monopolios, o al menos esa es la función que le damos los ciudadanos de a pie. Cobra otro significado cuando empresas como Telmex y Televisa están presentes en la mente de los mexicanos como compañías tan grandes que son para muchos quienes imponen sus condiciones incluso a la competencia.

Y eso no es bueno para el crecimiento del país ni para la inversión.

“Las empresas con la mayor participación en estos sectores están sujetas a una serie de medidas, cuya aplicación es vigilada de manera rigurosa para proteger al usuario y evitar que se afecte la competencia y libre concurrencia en ambos”, dice un comunicado de Gabriel.

En este contexto nace el IFT. Es uno de los que escribió la propuesta para el Congreso quien lo dirige. Gabriel Contreras estuvo presente y fue hasta esta administración que se pusieron las condiciones para que sucediera. Es una exigencia también del extranjero. Se sobreentiende que AT&T no hubiera llegado a México (con la compra de Iusacell, Unefon y Nextel por casi mil 900 millones de dólares).

La necesidad de un organismo como éste ha estado presente desde que Carlos Slim comprara la paraestatal Teléfonos de México, o cuando era evidente que la única televisora que realmente llegaba a cada rincón del territorio nacional era Televisa. Las cosas ya han cambiado. Telmex hace mucho que no es el único en la oferta de telecomunicaciones. Lo mismo pasa con Televisa. Eso sucede con las marcas líderes en el mercado; se llevan todo el estigma como lo hace Coca-Cola o McDonalds, cuando se refiere a bebidas azucaradas o comida rápida.

Pero la misión de Gabriel Contreras no es ir contra estos dos jugadores, sino algo mucho más complejo: garantizar las mismas reglas; dar certeza. En parte que se quede hasta 2020 es justo para esto. Es decir, es un trabajo con el cual siempre habrá una parte que no estará de acuerdo con este joven de 41 años.

El respeto se gana. Uno de los momentos importantes fue cuando Grupo Radio Centro, después de poner un depósito de seriedad para pujar por una de las señales abiertas de televisión, finalmente no hizo uso de tal licitación. Perdió así la suma millonaria. O cuando obligó a los cableros a mostrar las señales abiertas de manera gratuita, les quitó así un poder que tenían sobre su audiencia, pues los usuarios rara vez desconectarían su aparato de cable para sintonizar una señal abierta.

Con la ley de su lado, ha tenido que cumplir lineamientos puntualmente. Gabriel Contreras ha ido a hablar frente al Congreso con más frecuencia que los secretarias de Estado. ¿De dónde sacó sus credenciales para pararse frente a los congresistas?

“Se hace camino al andar”, me dice admitiendo que ha aprendido mientras va haciendo. Este licenciado en Derecho, que había estado trabajando para el Poder Ejecutivo Federal en diversos puestos, en 2013 se postuló al IFT, sin saber, en parte, que se quedaría solo. Es el costo de la autonomía.

Basta leer las columnas de opinión para darse cuenta que Gabriel no es monedita de oro. Ninguno de los partidos políticos lo apoya ciegamente, el Congreso lo cuestiona constantemente y ha sucedido que le impugnen algunas decisiones los mismos que lo aceptaron para el puesto.

Alguien alguna vez le dijo que “Cuando uno toma una responsabilidad tenía que estar listo para esa responsabilidad y estar listo para la siguiente.” Pero la experiencia en el IFT ha sido muy diferente a lo hecho anteriormente y al mismo tiempo, había muy pocas personas en el país que supiera cómo iba a funcionar este nuevo organismo. Así que ha tenido que aprender nuevas habilidades, entre ellas desveladas maratónicas y escuchar a su propio cuerpo.

Primera lección. “Llegué yo solo”. Al estrenar el nuevo edificio en Insurgentes del instituto, las largas horas en deliberaciones, discusiones e impresiones de los documentos, se sintió algo diferente.

“Venía sábados y domingos. Un sábado me sentí mal y acabé en el hospital. Tengo un hermano gemelo, se dedica a hacer trasplantes. Me hago los exámenes y le escribo: ‘Estás peor que pacientes míos que están esperando un trasplante.’ Tuve una falla renal aguda, súbita.”

Gabriel se hospitalizó inmediatamente, le quitaron el riñón y la opinión pública nunca lo supo. Estuvo despachando desde el cuarto de hospital y cumplió con todas las obligaciones del organismo. “Al principio fue una agenda demasiada grande. Era tal la prisa por ver cosas en este sector que lo que no viste en 10 años, querían tenerlos en seis meses.”

“Este sector es muy mediático. Todo mundo quería verme. Llegamos solo con el equipo que había aquí.” La lista de llamadas era infinita; era imposible atenderlas.

Su perfil es más técnico, con maestría en Economía. Lo suyo es analizar y de pronto se subió al escenario de los medios y tuvo que aprender en el camino. Eso del reflector ni me gusta ni me disgusta.

Si bien los medios le han reconocido que algunos precios han bajado en servicios de telecomunicación, cuando el mismo Senado emitió una controversia por el tema de portabilidad, porque no se había hecho efectivo para una fecha definida, se realizó una cobertura del hecho. Más tarde, el IFT ganó la controversia 11 votos contra cero. En esa ocasión, no le dieron importancia.

La lección le hizo valorar más el tiempo con su familia. “Descuentas que todo va a seguir como lo dejaste, y no es cierto. Que vas al día siguiente te vas a levantar y vas a ir a trabajar y no es cierto. Que mañana no vas a necesitar diálisis y no es cierto.”

Estilo personal. “Mi estilo es muy simple. Me gusta que se digan las cosas. A la hora de tomar una decisión la tomo yo solo, al margen del equipo con el que trabajo. Que las cosas se digan como son. No tiene sentido adornarlas. Un error es tener oídos sordos.”

Pocos lo saben, pero ha sido el único en ocupar las tres consejerías adjuntas, con Fox, Calderón y Peña Nieto. Y eso le ha servido para saber negociar con ambos partidos.

“Un día de repente pasa alguien y se me queda viendo. Estoy acostumbrado que me confundan porque tengo un gemelo. Me dice ‘muchas felicidades, lo están haciendo muy bien’. La semana siguiente lo mismo. Se me acerca un señor, “muchas felicidades”. Muchas gracias, le dije. Pero ¿si pase alguien a quien no le gustó tu medida y estás frente a tu familia?” De nuevo, el costo de ser autónomo es que siempre habrá alguien a quien no le guste tus decisiones.

Es parte del triple play: ser autónomo, ser predecible, ser incómodo.

*** Esperemos que los beneficios en el sector y en el bolsillo de los consumidores se reflejen más pronto que tarde. Y que Gabriel Contreras no solo sea el primero en llegar sino que lo haya sabido llegar.

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