La deuda se debe pagar, con intereses. Entre diciembre del 2012 y mayo del presente año la deuda neta del sector público aumentó en más de 58 mil millones de dólares. En el mismo periodo de tiempo el crecimiento promedio de la economía no superó el 1.5%, planteando con ello la interrogante sobre la efectividad de la estrategia que busca un mayor gasto de gobierno para impulsar el crecimiento de México.

Hasta mayo de este año el saldo del endeudamiento del sector público supera los 469 mil millones de dólares. Para poder pagar el país deberá elevar su ritmo de actividad productiva, y lo tendrá que hacer en tal magnitud que no solamente permita pagar el débito mencionado, también deberá generar la suficiente riqueza para aumentar el bienestar de los mexicanos. Ello habrá de reflejarse en mejores salarios y rendimientos para la inversión productiva, es decir para las empresas, de otra manera no se justificaría un mayor gasto de gobierno basado en deuda.

No es un secreto que se ha apostado mucho a las reformas estructurales, se confía en que ellas serán el motor de un crecimiento económico que no se ha presentado durante los últimos 30 años. Si la estrategia es acertada, el mayor dinamismo elevará la recaudación y será la fuente de recursos con los cuales el gobierno podrá pagar su deuda. Si se vuelve a fallar se deberá recurrir a otra alternativa: aumentar impuestos y recortar su gasto, una receta que ya vivimos en las décadas de los años 80 y 90.

El reto no es menor, oficialmente se desea llevar el crecimiento anual del PIB potencial a 5%, ello desde un 2.5% en el que se encuentra actualmente. Para que esto ocurra debe aumentar la inversión pública y privada, se debe elevar la productividad de las empresas e incrementar el financiamiento que los bancos les otorgan e impulsar la innovación tecnológica que se realiza en el país. Además se debe promover el desarrollo del capital humano, la educación y salud deben ser una prioridad en la estrategia del gobierno.

Si lo anterior no ocurre difícilmente se alcanzarán los resultados esperados y entonces las medidas que deberán implementarse en los años por venir serán restrictivas para una sociedad que ya conoce de ello. El aumento del gasto de gobierno destinado a la inversión no es suficiente, esa historia ya la conocemos, en los años 70 se apostó por el sector petrolero como palanca de desarrollo.

Para fines de la década de los años 70, la inversión pública como proporción del PIB supero el 10% y mucho de ello se realizó en el sector energético, particularmente en la parte petrolera. La ineficacia y corrupción, así como la caída de los precios del petróleo provocaron que la rentabilidad de las inversiones realizadas fuera insuficiente para pagar el endeudamiento contraído. El resto de la historia es conocido: la década pérdida y un proceso de reformas que no ha terminado después de 30 años.

El 2015 comenzará con el deseo cumplido para quienes argumentaban que se necesitaban estas reformas para crecer, lo que no se contemplaba es que además el país debería incrementar su deuda pública para complementar su proceso.

Los años por venir serán testigos de si realmente se logró transformar el proceso productivo de México, si se le dio vuelta a una historia de ineficacia que ha durado más de 40 años. La situación se tornará delicada si ello no ocurre, básicamente porque la deuda y sus intereses se deberán pagar independientemente de que se tenga éxito o no. La diferencia radicará en la procedencia de los recursos para pagarla. Al final del día lo terminará haciendo la sociedad que paga impuestos, pero será una que tenga un crecimiento robusto y suficiente para hacerlo o una que siga subsumida cautiva en un círculo vicioso de bajo crecimiento y pobreza.

La diferencia estará en la eficacia y pertinencia de las medidas adoptadas, no en el discurso político.

*Director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico

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