Inversión, extranjera y al exterior

Cartera 01/03/2013 00:22 Actualizada 11:03

Los datos sobre el comportamiento de la balanza de pagos de la economía de México durante 2012 presentan ciertos cambios que merecen considerarse. En esta colaboración se presentan varios hechos relativos a la cuenta financiera de la balanza. Como en años previos hay un importante ingreso neto de capitales del exterior. Sin embargo, la composición de esa suma tiene diferencias notables con los años anteriores.

El monto de la inversión extranjera directa (IED) que ingresó a la economía mexicana en 2012 fue 12 mil 659 millones de dólares, la cifra más baja desde 1998, según la información reportada por el Banco de México.

En 2012 hay además una salida neta de recursos por concepto de inversión directa, dado lo cuantioso de los recursos que algunos mexicanos ubican en el exterior como parte de la internacionalización de compañías con matriz en el país. Como se observa en la gráfica adjunta la inversión de mexicanos en el exterior duplica el ingreso de IED al país. En el curso de la primera década del siglo XXI hay varios años en que se registran inversiones en el exterior de empresas con matriz en México. Desde 2009 las cifras son importantes, pero es hasta el año pasado que superan notablemente a los ingresos de IED. Uno de los resultados del incremento de los flujos de salida de IED desde México es que en el periodo de 2010 a 2012 los ingresos son apenas ligeramente superiores a los egresos.

En el discurso oficial se insiste en la necesidad de captar inversión extranjera, en particular la directa. El argumento de la carencia da capital se encuentra presente para sostener esta tesis. Sin embargo, los datos aportados sobre la evolución de los flujos de entrada y de salida de IED por lo menos lo relativizan. Si se agrega que en 2012, como en años previos las nuevas inversiones son el componente minoritario de la IED es más difícil sostener ese argumento. En 2012, tan solo 23% de la IED que ingresó al país fue por concepto de nuevas inversiones. El resto es reinversión de utilidades generadas en México y préstamos obtenidos por las filiales de sus matrices.

El saldo positivo que registra el ingreso de capitales al país es resultado de la colocación de grandes cantidades de recursos en la compra de títulos de deuda. Como se observa en la gráfica adjunta, la denominada inversión de cartera es cuantiosa en 2012, superando los 70 mil millones de dólares. La mayor parte de estos recursos están colocados en títulos de deuda pública emitidos en el país. Como se ha destacado en colaboraciones previas, no hay relación alguna entre la colocación de esta deuda y la de inversiones por cuenta del Ejecutivo federal.

Es el gasto corriente y el propio servicio de la deuda lo que se cubre con lo obtenido por estas colocaciones. Por lo que no es evidente que exista un papel relevante para impulsar la inversión de capital por la presencia de este tipo de inversión extranjera. Como en el caso de la inversión directa también hay colocaciones en el extranjero hechas por firmas y financieros desde México. En 2012 la cifra no es menor, equivale a 50% de la IED que ingresa a México.

Otros renglones de la cuenta financiera de la balanza de pagos en 2012 revelan la cuantiosa cantidad de capitales que salen del país. El rublo denominado otra inversión registra un flujo de salida de 16 mil 763 millones de dólares, cifra superior al ingreso de IED. El resultado acumulado, si se descuenta el ingreso de capitales al país para ser colocados en títulos de la deuda pública interna, es que la cuenta financiera arroja un saldo negativo por 3 mil mdd. La salida de capital por parte empresarios y financieros desde México suma más de 40 mil mdd.

Esta cifra no incluye el rubro de errores y omisiones, ni operaciones de salida de capitales no registradas, según la contabilidad del banco central. La interrogante es: ¿Dónde quedó la escasez de capitales para incrementar la inversión? Los datos contenidos en la cuenta financiera de la balanza de pagos indican que otro es el problema.

* El autor es profesor del Departamento de Economía, de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa

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